Vivimos pegados al smartphone, la tablet, el ordenador, el smartwatch etc. Dispositivos “inteligentes” que capturan nuestra atención, consumen nuestra energía vital y, en ocasiones, parecen haberse convertido en una extensión de nuestro propio cuerpo.

Estar conectados 24 horas al día, 7 días a la semana puede tener graves consecuencias para nuestra salud. Así lo indica un estudio realizado por el International Workplace Group, IWG -antes Regus-, que especifica que, “la sobreestimulación puede tener consecuencias negativas en la capacidad de concentración y dificulta la desconexión tecnológica”.

De hecho, el IWG, especializado en la gestión de espacios de trabajo flexible, se hace eco de otros estudios similares que avalan su hipótesis, por ejemplo, el realizado por la Universidad de Yonsei en Corea de Sur, donde un grupo de científicos ha descubierto que, el aumento de energía que requiere responder al flujo constante de información está provocando tensión física y psicológica en los empleados. Es decir, vivimos estresados.

Además, una segunda investigación, llevada a cabo por la Universidad Técnica de Dinamarca, confirma que la hiperconexión afecta a nuestra capacidad de atención y de aprendizaje, que se está reduciendo a causa de la cantidad de información que consumimos y que nos es imposible digerir.

Fuente: El Plural