Hay varios factores que nos permiten intuir, lo que puede pasar en un mundo post-coronavirus, obviamente con todas las cautelas del mundo.  

  • La duración del confinamiento 

No es lo mismo un mes que dos, ni dos que seis. En cualquier caso, cuanto más dure el confinamiento, más profunda será la huella que deje en todos nosotros. 

A día de hoy no es posible predecir cuánto durará, aunque la experiencia de China y más específicamente de la provincia de Hubei donde se encuentra la ciudad de Wuhan (China nunca ha confinado a todos sus ciudadanos, sólo a los de esa provincia y ha impuesto restricciones al resto) nos hace pensar que alrededor de los 2-3 meses es la duración clave. 

En cualquier caso, la duración del confinamiento implica un cambio en los hábitos de consumo que, si bien es forzado, puede calar en el futuro, especialmente en lo relativo al eCommerce y las compras online. 

  • La inmunidad de grupo 

Según todos los informes epidemiológicos publicados, el número real de personas infectadas con el COVID-19 es muy superior al número de casos notificados, dado que es literalmente imposible realizar un test a toda la población y que sabemos que hay muchos casos que cursan con síntomas leves o incluso de forma asintomática. 

Así que tenemos que echar mano de los modelos matemáticos, que nos indican que, como mínimo, el número de personas afectadas por el coronavirus es 10 veces superior al de casos notificados, probablemente más. 

Esto es importante, porque reduce la mortalidad en un orden de magnitud. La inmunidad de grupo parte de la suposición de que la población, conforme va desarrollando y curándose de la enfermedad, adquiere inmunidad como en cualquier otra epidemia (no sabemos al 100% si es así, ni por cuánto tiempo). 

Estos mismos modelos explican que el desarrollo de esa inmunidad es una de las claves para que la onda epidémica baje de intensidad, algo que sucederá tarde o temprano, y para que ondas sucesivas que puedan llegar en el futuro sean mucho menos devastadoras. 

  • El coronavirus ha llegado para quedarse 

Una vez se ha extendido a la mayoría de los países del mundo, el SARS-CoV-2 (que es el nombre científico del bicho en cuestión) es prácticamente imposible de erradicar. Por tanto, quizá sería más adecuado hablar del mundo con coronavirus más que del mundo post-coronavirus. 

La opinión científica mayoritaria es que, al igual que otros virus similares, este virus perderá virulencia conforme pase el tiempo, gracias a la inmunidad de grupo, a la adaptación del virus al ser humano y a la disponibilidad de vacunas (hay decenas de prototipos en estudio) para vacunar a los segmentos más vulnerables de la población, al igual que se hace cada año con la gripe. 

Es muy probable que se convierta en un virus estacional con ondas epidémicas en los meses de invierno y con una incidencia muy baja de casos en verano. Ojo, ahora mismo no hay certezas de nada, se trata de estimaciones basadas en el comportamiento de otros virus similares. Sin ir más lejos, de las decenas de virus distintos que pueden causar lo que conocemos como «resfriado común», cuatro son coronavirus. 

  • La resistencia de la Red 

Internet está aguantando el tirón, con incrementos de tráficos enormes, debidos fundamentalmente al teletrabajo, al aumento de consumo de plataformas de televisión y vídeo en streaming (ahí ha ayudado bastante que Netflix, Youtube o Amazon hayan decidido rebajar la resolución máxima del vídeo para aligerar la carga de la red) y el aluvión de videoconferencias. 

Aunque ha habido problemas puntuales, sobre todo en los primeros días, las redes de comunicaciones están aguantando razonablemente bien, lo que nos permite seguir conectados con el mundo y entre nosotros. También nos permite seguir comprando online, algo de lo que muchas pymes, que aún no habían desarrollado esa pata de su negocio, están tomando buena nota. 

  • El uso de la tecnología: El caso de Corea del Sur y Japón 

Ambos países, pese a su proximidad geográfica con el origen del brote en la provincia china de Hubei, han demostrado ser capaces de reaccionar muy rápidamente y tener bajo relativo control la epidemia. 

Desde el principio han aplicado soluciones tecnológicas (hay que decir que probablemente son los dos países con mayor penetración de la tecnología digital en el mundo) como el uso de aplicaciones móviles que alertaban en tiempo real de la detección de nuevos casos y, por tanto, de las zonas a evitar o en las que tomar precauciones especiales. 

Han usado el Big Data, modelos matemáticos avanzados que ya habían desarrollado para la epidemia de SARS de hace unos años e implementado medidas digitales de identificación y trazabilidad de cada caso, además de test masivos a la población. 

El resultado: Las medidas de restricción son mucho menores que en cualquier otro país. También hay que tener en cuenta que se trata de zonas acostumbradas a catástrofes naturales periódicas, por lo que la población ha desarrollado una férrea disciplina a la hora de seguir al pie de la letra las recomendaciones de las autoridades. 

  • El miedo 

Nos guste o no, el miedo es irracional. Después de un evento traumático como este, el mundo post-coronavirus será un mundo con más miedo, tanto al COVID-19 como a otras enfermedades. Esto influirá en el comportamiento de los consumidores. También tiene su vertiente positiva, puesto que estaremos más alerta ante nuevas posibles pandemias. 

Además, siguiendo el proverbio chino, una crisis es también una oportunidad, por lo que podríamos asistir a un mayor florecimiento del eCommerce, especialmente en las pymes. Desde luego, el miedo va a cambiar nuestra forma de interactuar socialmente, no sé si para siempre, pero sí durante algún tiempo en el mundo-post coronavirus. 

  • La cooperación 

Curiosamente, encerrarnos en casa ha sido el detonante para que empecemos a dar el valor que realmente tienen a palabras como «cooperación», «solidaridad» o «empatía». Hemos empezado a conocer a nuestros vecinos, a saludarnos desde los balcones, a aplaudir la labor de los que siguen trabajando, especialmente de quienes cuidan de nosotros. Puede que salgamos de esto con más miedo, pero el mundo post-coronavirus será, sin duda, un mundo donde la cooperación entre personas y empresas, que no entre estados (hola Unión Europea, ¿hay alguien ahí? …) será mucho más fuerte.  

  • La puesta en valor de la ciencia y la innovación 

Como sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena, el mundo ha redescubierto que hay unas personas llamadas «científicos» que son los que realmente nos van a sacar de este lío. 

Y no sólo en el ámbito de la investigación de una vacuna o un tratamiento para el COVID-19: las empresas con más capacidad de innovación están diseñando y fabricando, mano a mano con médicos e ingenieros de diferentes universidades, los equipamientos tecnológicos necesarios, como aparatos de ventilación mecánica (respiradores), para dotar a las supersaturadas UCIs de los hospitales y poder salvar más vidas. Y lo están haciendo en un tiempo absolutamente récord. 

  • El valor de lo local 

Le estamos viendo las orejas al lobo de la globalización. El desabastecimiento de productos sanitarios vitales para la lucha contra el coronavirus, como el material de protección e incluso muchos medicamentos, nos está haciendo ver que en momentos de crisis la globalización puede llegar a ser un lastre. 

Hemos visto que, ahora mismo, si China se para el mundo se acaba parando. Esto no significa que el mundo post-coronavirus sea menos globalizado, pero sí que hemos aprendido que determinados suministros y equipamientos críticos es mejor tenerlos cerca. 

  • Los hábitos de trabajo y consumo en el mundo post-coronavirus 

Con todo este cóctel de factores expuestos, al que habrá que sumar una profunda recesión de la economía fruto de la paralización de la actividad, en el mundo post-coronavirus tanto empresas como ciudadanía tendremos menos dinero disponible. Saldremos, rebotaremos, pero nos va a costar, ya que parar la economía es mucho más fácil que volverla a arrancar.  

  • El boom del teletrabajo 

Todos hemos descubierto una serie de cosas que pueden llegar a convertirse en motores de cambio permanente. Por ejemplo, que muchos de nosotros podemos teletrabajar desde casa. Muchas empresas van a mirar los datos de productividad del teletrabajo con lupa y se replantearán seriamente si tiene sentido invertir un pastón en grandes sedes corporativas cuando no hay necesidad de hacerlo. 

Aunque haya sido por la fuerza, si las empresas verifican que la flexibilidad horaria y el teletrabajo no afectan a la productividad de sus trabajadores, es posible que vivamos una revolución en el concepto de «trabajo» que no sólo afectará a la inversión en oficinas, sino también a los viajes de empresa, a las reuniones de trabajo, al transporte público e incluso al lugar donde vivimos. La llegada de la tecnología 5G puede acelerar aún más este proceso. 

  • El eCommerce en las pymes 

La crisis del COVID-19 ha hecho ver a muchas pymes que el rey estaba desnudo. Vamos, que se han dado cuenta de que, mientras ellas han tenido que cerrar, sus competidores con venta online han podido mantener un nivel de actividad. 

Lo normal y lógico es que aprendan la lección para que no les vuelva a pasar y. ahora sí, empiecen a tomarse el eCommerce como lo que es: un canal imprescindible que permite mantener las ventas 24/7. 

Más aún cuando es más que posible que las tiendas físicas vivan una recuperación gradual de la actividad y, al menos al principio, tengan limitaciones de aforo como las que estamos viendo en los supermercados. 

Insisto, el coronavirus ha venido para quedarse, la vacuna tardará en llegar y, mientras eso no pase, habrá restricciones en mayor o menor grado a las grandes acumulaciones de personas. El eCommerce ha dejado de ser una opción para convertirse en un cordón umbilical digital que permite mantener no sólo las ventas, sino la relación con el cliente y su consecuente fidelización. En este sentido, podemos asistir a un acelerón en la penetración del eCommerce desde el punto de vista de la oferta. 

Aunque es un poco aventurado decir esto, es muy probable que nuestros hábitos de consumo cambien. Ya estamos viendo un boom en los pedidos online en los supermercados, que hasta ahora eran la cenicienta del eCommerce en Chile. 

Si, como es de esperar, la reapertura del comercio minorista se hace con restricciones de aforo, mucha gente optará por la compra a través del eCommerce para evitar las colas. Quienes todavía no hayan desarrollado este canal en su negocio tendrán que ponerse las pilas (y qué mejor momento que ahora, con un parón forzoso de la actividad que permite desarrollar una tienda online con calma). Estrategias mixtas como el «click & collect» están llamadas a imponerse como una alternativa más. El futuro cercano es omnicanal, sí o sí. Ya no es una cuestión de oferta, sino de demanda.  

Además, la gente tiene memoria. Recordará quién le dejó tirado y quién no. Frase lapidaria, pero real como la vida misma. 

  • La guerra de precios 

Muchas empresas, sobre todo del sector retail, ya tenían stocks preparados para la temporada de primavera-verano. Stocks que habrá que colocar en el mercado de forma urgente para recuperar liquidez. En un contexto de previsible depresión económica, el factor precio cobra una importancia enorme.  

Al menos en las primeras semanas o meses del mundo post-coronavirus vamos a ver una guerra de precios a la baja, con la consecuente reducción de los márgenes. Los consumidores estarán de enhorabuena, pero las empresas, sobre todo las pymes, tendrán que ajustar su eficiencia al máximo. Ahí es donde la incorporación de tecnología tiene un papel muy importante que jugar.