Casi dos tercios de las compañías de Chile se ubican en los primeros niveles del indicador. Las Pymes son las más rezagadas.

Una amplia brecha de digitalización en las empresas reveló el Índice de Transformación Digital 2018 (ITD) presentado por la Cámara de Comercio de Santiago (CCS) y la consultora de negocios PMG a fines de noviembre. El indicador registró un promedio de 32,4 puntos en una escala de 0 a 100, con un mínimo de 0 y un máximo de 85,5 puntos.

De acuerdo con la información presentada por ambas entidades, en la construcción del índice se realizaron 45 entrevistas en profundidad a expertos y representantes de empresas, que derivaron en el diseño y aplicación de un cuestionario dirigido a líderes de 200 empresas nacionales.

En general, el nivel de evolución que predomina en Chile es de “principiante digital”, seguido de “analógico”, donde se ubican casi dos tercios de las empresas del país. Los siguientes registros que comprende el índice son “intermedio digital”, “avanzado digital” y “líder digital”.

Por tamaño de empresa, las Pymes están principalmente en los niveles iniciales de evolución, mientras que las Grandes Empresas se concentran en los niveles intermedios. La mayor diferencia se produce en el nivel avanzado, donde se ubicó el 30% de las Grandes Empresas y 9% de las Pymes.

Pese al contraste entre grandes y pequeñas empresas, el informe entregó un mensaje positivo para las más rezagadas. Según la CCS y PMG, para subir en materia de tecnología desde el nivel “analógico” se requiere de una inversión relativamente baja. Después, la inversión se frena, puesto que no existen diferencias tecnológicas entre una empresa “principiante” y una de nivel “intermedio”. No obstante, para alcanzar los estados superiores de transformación digital se requiere de una mayor inversión.

En tanto, las formas de trabajo, personas y cultura digital –una de las dimensiones centrales medidas en el ITD– son lo primero que interviene en el proceso de transformación digital. Lo anterior, considera si “la organización es flexible y ágil, trabaja de forma colaborativa tanto internamente como con ‘partners’ externos”.

Se trata de la dimensión que avanza más rápido en las primeras etapas de la digitalización. Aquí radica la diferencia entre una empresa “principiante” y una “analógica”. Sin embargo, su evolución se estanca debido principalmente a las dificultades que enfrentan las Pymes.

Por su parte, las Grandes Empresas logran avanzar hasta niveles superiores, pero sin alcanzar el progreso que registra en otras dimensiones.

 

Desafíos para las empresas

El informe completo es categórico en su sección final. La transformación digital “requiere de gestionar diversas y complejas palancas al interior de las empresas. Las organizaciones que puedan gestionar estas dimensiones de forma coordinada y que sean capaces de mantener sistemáticamente el foco en la experiencia de sus clientes, serán las que sobrevivirán. Las empresas que no enfrenten este proceso, serán desplazadas de sus mercados”, apuntó.

Junto con esta reflexión, se entregaron las siguientes recomendaciones finales:

  • Poner al cliente y su experiencia como foco estratégico, al centro de la organización (desafío dinámico y permanente).
  • Incorporar la gestión del cambio como una herramienta fundamental de adaptación cultural y de gestión del proceso.
  • Fortalecer el liderazgo con una visión clara del proceso de transformación y del cambio cultural (elemento esencial).
  • Generar propuestas de valor más personalizadas, integrales, económicas, simples y transparentes.
  • Desarrollar la agilidad organizacional, como una forma de innovar e implementar mejores propuestas de valor.
  • Ampliar las fronteras de la empresa, sumando “partners” estratégicos que permitan crear más valor diferencial.

 

Con todo, aquella variable más relevante del proceso de transformación digital es el liderazgo. Esto, en relación a que “existe y se identifica explícitamente un líder de primer nivel en la organización a cargo y con las capacidades de impulsar, coordinar y movilizar a la organización hacia un proceso de transformación digital”, precisó.

Lo anterior, corresponde a la variable que impulsa el proceso, además de ser la dimensión que crece con mayor fuerza a lo largo de los niveles de evolución, de manera consistente en cada uno de ellos.

Grandes avances por hacer y una baja inversión para aquellas empresas que recién comienzan a recorrer el camino de la transformación digital.