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La fintech en Chile enfrenta una nueva etapa marcada por la rentabilidad, la confianza digital y las finanzas abiertas. Con más de 500 empresas operando y un marco regulatorio en evolución, el sector busca generar un impacto financiero más profundo y sostenible para los usuarios.
Si le preguntas a cualquier persona en Santiago si usa alguna app para transferir plata, pagar cuentas o invertir sus ahorros, lo más probable es que te diga que sí. De hecho, casi todo el país lo hace: el 93% de los chilenos declara usar algún producto financiero. Entonces, ¿por qué la industria fintech sigue hablando de “inclusión” como si fuera un problema pendiente?
Ahí está justo el punto que un nuevo análisis de LatAm Intersect PR (LATIn) viene a poner sobre la mesa. La agencia de comunicaciones regional publicó el eBook Fintechs in Latin America: Building Narratives for the Post-Disruption Era, y su diagnóstico es bastante directo: la fiesta del crecimiento fácil se acabó, y ahora toca ver quién realmente construyó algo sólido.
Se acabó el capital barato, empieza la hora de la verdad
Durante la primera ola fintech, el mantra era simple: crecer rápido, sumar usuarios, levantar rondas y preocuparse de la rentabilidad después. Ese “después” llegó. Según el informe de LATIn, en 2025 la inversión de etapa avanzada en fintechs latinoamericanas creció un 176% interanual, pero con una diferencia clave frente a años anteriores, ahora los inversionistas están mirando con lupa quién demuestra rentabilidad real, quién resuelve problemas de infraestructura y quién es capaz de construir relaciones de largo plazo con sus usuarios, no solo de sumarlos y perderlos al mes siguiente.
Es la muerte lenta del concepto “Bank Killer”, esa idea que dominó el discurso fintech durante años donde la promesa de que una app iba a barrer con la banca tradicional a punta de rapidez y buen diseño. El eBook plantea que la industria está mutando hacia otra lógica, una donde colaborar con el sistema financiero (no destruirlo) es lo que realmente construye negocios duraderos.
Roger Darashah, socio y cofundador de LatAm Intersect, lo resume con una frase: “en 2026 el éxito financiero ya no dependerá de quién tenga la mejor aplicación, sino de quién tenga más credibilidad y autoridad frente al usuario”.Y agrega algo interesante, casi una ironía: “en la era de los modelos de lenguaje, al menos las máquinas de gestión de activos “no mienten””. La confianza, dice, es la única ventaja competitiva que queda cuando todos ya tienen tecnología parecida.
Chile no tiene un problema de acceso, tiene uno de profundidad
Acá es donde el caso chileno se pone interesante, y donde el análisis de LATIn cobra más sentido que en cualquier otro país de la región. Chile ya superó la etapa de “llevar servicios financieros a la gente”: ese 93% de penetración lo confirma. El desafío ahora es otro, más sutil y más difícil de resolver; pasar de una inclusión que solo cubre (tener una cuenta, tener una tarjeta) a una inclusión que efectivamente mejora la vida financiera de las personas.
Piénsalo así, tener una cuenta bancaria no es lo mismo que tener acceso a crédito responsable, a un seguro que realmente te sirva, o la asesoría de inversión que no te deje enredado en letra chica. El informe plantea justo esa brecha (entre cobertura y progreso real) como el próximo gran campo de batalla para las fintech chilenas.
Y el ecosistema, para ser justos, no está chico. Las cifras más recientes lo confirman con creces: según el Mapa Fintech Chile 2026, elaborado por FinteChile junto a EY y Finnovista, el país ya cuenta con 557 empresas fintech operando, un salto de 15,3% respecto a las 483 que había en 2024. Y no es solo cantidad; una de cada cuatro de esas empresas mueve más de US$500 millones al año, y otro 24% supera los US$15 millones anuales. El crecimiento, además, viene con una tasa de mortalidad bastante baja para el estándar de las startups: apenas 6,3% en los últimos dos años.
Open Finance: la infraestructura que puede cambiar las reglas del juego
Si hay un proyecto que resume hacia dónde va el sector en Chile, ese es el Sistema de Finanzas Abiertas (SFA), la versión chilena del open banking, contemplada en la Ley Fintech (Ley N°21.521) que se promulgó en enero de 2023. La idea, en criollo, es esta: hoy tus datos financieros (saldos, movimientos, historial de créditos, seguros, fondos de pensiones) están encerrados en los sistemas de cada banco o institución, como si fueran cajas fuertes separadas que no se hablan entre sí. El SFA busca que, con tu consentimiento explícito, esa información pueda compartirse de forma segura entre distintas instituciones, para que puedas acceder a mejores ofertas, comparar condiciones reales y que terceros (incluidas las fintech) puedan construir productos sobre esos datos.
El problema es que el camino ha sido más lento de lo que muchos esperaban. La Comisión para el Mercado Financiero (CMF) modificó en junio de 2026 la norma que regula el sistema, incorporando un anexo técnico y el portal para desarrolladores, pero también estiró los plazos: la entrada en vigencia, que originalmente se pensaba para julio de 2026, ahora quedó fijada para julio de 2027. La razón oficial es dar más gradualidad, incluir mecanismos de “participación simplificada” para empresas más chicas y abrir un período piloto de pruebas antes de que el sistema opere a plena capacidad.
Como suele pasar cuando se toca la billetera de todos, la postergación no cayó igual de bien para todos los actores. Los bancos y el retail financiero la celebraron, mientras que desde el gremio fintech la reacción fue de molestia: han insistido en que el sistema entre en operación según lo comprometido originalmente. De hecho, en el Chile Fintech Forum 2026 que reunió a más de 6.000 personas en mayo, con delegaciones de 30 países, varios diputados de la bancada transversal por el fomento de las startups plantearon fiscalizar de cerca la puesta en marcha del SFA como una de sus prioridades legislativas para este año.
La inteligencia artificial: bienvenida, pero no para todo
El informe de LATIn también pone el dedo en otra tensión que cualquier persona que use apps bancarias reconocerá al toque: la IA gusta, pero solo hasta cierto punto. Más del 60% de los consumidores está dispuesto a usar asistentes financieros basados en inteligencia artificial para cosas cotidianas. Pero cuando el tema se pone serio (un fraude, una disputa, una decisión de crédito que puede cambiarte la vida) la confianza en la máquina baja en picada. En América Latina, el 85% de los usuarios todavía prefiere hablar con una persona de carne y hueso cuando la situación es crítica.
Tiene sentido si lo piensas desde la experiencia propia, nadie quiere discutir con un chatbot por qué le rechazaron una tarjeta de crédito, ni resolver un cargo fraudulento a través de respuestas automáticas que repiten lo mismo tres veces. La tecnología puede ser excelente resolviendo lo rutinario, pero la confianza humana sigue siendo insustituible quando algo realmente importa.
Entonces, ¿qué fintech van a sobrevivir esta nueva etapa?
Según LATIn, las fintech que lideren este momento no van a ser necesariamente las que tengan más financiamiento o la app más pulida, sino las que logren convertir su tecnología en algo parecido a infraestructura ética: soluciones transparentes, seguras y que demuestren un impacto concreto en la vida financiera de las personas, no solo en sus métricas de descargas.
Para Chile, con un ecosistema que ya pasó las 500 empresas, un marco regulatorio que se sigue afinando y un sistema de finanzas abiertas que promete reordenar cómo circulan los datos financieros, el desafío real ya no es demostrar que la fintech “funciona”. Eso está más que probado. El desafío es demostrar que, además de funcionar, se puede confiar en ella.
Y esa es una pregunta que ninguna actualización de app va a poder responder por sí sola.
Imagen: GPT Images 2.0
Fuente: www.marketing4ecommerce.cl