Por: Sandra Gatica, miembro del Directorio de Rayen Salud, directiva de la Mesa de Mujeres & TI de ACTI y directora(s) de la Fundación Data Observatory. 

Para entender la magnitud de la brecha de género en el sector de las Tecnologías de la Información (TI), debemos situarnos en una realidad en la que sólo el 5% de las personas que trabajan en tecnología son mujeres (cifras ACTI, 2016), es decir, somos un poco más de ocho mil, en un universo de más de 160 mil (según datos del INE, 2016). 

La cifra impacta por sí misma, sin embargo, las preguntas que debemos hacernos son: ¿En qué influye una baja representatividad de mujeres en la Industria TI? ¿De qué nos estamos perdiendo? 

Si nos enmarcamos en estudios internacionales, ya no es sólo un tema de género, sino que de negocios. De hecho, las cifras indican que cuando una empresa aumenta el índice de diversidad dentro de su organización en sólo un punto, su rentabilidad aumenta en un 17%. 

Si vamos un poco más allá y analizamos la distribución de los cargos de liderazgo dentro las organizaciones del sector TI, encontraremos que el 87% están ocupados por hombres (según PwC), lo cual, entendiendo la baja representatividad femenina, no es una gran novedad. Ahora bien, si esas mismas empresas implementaran políticas de paridad de género en sus posiciones de liderazgo, su rentabilidad aumentaría en un 10,2% (según Credit Suisse). 

Una mirada diferente 

Ahora, desde el punto de vista de la oferta, analicemos otro aspecto relevante para los negocios: Si el 95% del capital humano que está diseñando, analizando, desarrollando, implementando y certificando en TI en Chile, son hombres y poco más del 50% de sus clientes son mujeres, ¿no se estará perdiendo una mirada fundamental para satisfacer a nuestros clientes? 

En este último punto hay un ejemplo emblemático: La app de salud para iOS de Apple no consideró el ciclo menstrual de la mujer. De esa gran omisión, hoy existen más de 150 aplicaciones móviles que abordan el ciclo menstrual, sólo mirando Google Store en español. Es decir, dio pie a que se abriera un mercado que no existía. 

En Chile, cada año se genera un déficit de 5.000 puestos de trabajo en TI y se proyecta un déficit acumulado de 65.000. En un mercado cada día más competitivo, esta falta de oferta ya comienza a generar sobrecostos en los proyectos -que muchas veces las empresas no son capaces de cubrir-​ y merma la sostenibilidad de innovar y emprender. 

Hoy no existen las mujeres suficientes para llenar esas plazas, por lo que la respuesta es más compleja de lo que quisiéramos. Las estrategias deben tener una visión 360° y mirada a largo plazo, en el que se implementen acciones de promoción e incentivos para el estudio de áreas TI, la reconversión laboral y las especializaciones, para hombres y mujeres, pero que -en el caso particular de las mujeres-​ estén acompañadas de acciones desde la educación temprana, borrando los sesgos en la crianza y, desde la perspectiva más cultural, luchar contra el conocido “techo de cristal”, que limita el desarrollo y evita que más mujeres asuman roles de liderazgo, tal como evidenció esta pandemia donde se retrocedió 10 años en indicadores de empleabilidad femenina. 

En conclusión, la incorporación de más diversidad y paridad de género dentro de las organizaciones no sólo impactará en la construcción de un mundo mejor, sino también aumentará la rentabilidad en los negocios, otorgará dinamismo a los procesos de innovación/emprendimiento y permitirá desarrollar una oferta más amplia, con visión complementaria. Más mujeres en TI, más niñas en ciencia y tecnología, y más mujeres en cargos de liderazgo, sin duda, en uno de los grandes desafíos de los próximos años para tener desarrollo tecnológico en Chile competitivo, sostenible y sustentable. 

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