Un magnate de Hong Kong se encuentra en una batalla legal con el vendedor que lo persuadió de confiarle una parte de su fortuna a la supercomputadora cuyas operaciones le costaron más de US$20 millones en perdida.

En medio de un torbellino de visiones encontradas, el caso enfrenta a Samathur Li Kin-kan, cuyo padre es un importante inversionista en Shaftesbury Plc, contra Raffaele Costa, que ha pasado gran parte de su carrera vendiendo fondos de inversión para grandes empresas. Es la primera instancia conocida de humanos que acuden a los tribunales por pérdidas de inversión provocadas por máquinas autónomas y centra la atención en el problema de la “caja negra”: si las personas no saben cómo toma decisiones la computadora, ¿quién es responsable cuando las cosas salen mal?

La idea de un administrador de dinero totalmente automatizado cautivó a Li al instante, pero algo sucedió mal y perdió en total US$20 millones.

Sin embargo, en el mundo de los fondos de cobertura, la Inteligencia Artificial se ha convertido en una cuestión de necesidad después de años de bajo rendimiento por parte de los gerentes humanos. Los inversionistas cuantitativos, computadoras diseñadas para identificar y ejecutar operaciones, ya son populares. Más raros son los fondos puros de IA que aprenden y mejoran automáticamente de la experiencia en lugar de ser programados explícitamente. Una vez que una IA desarrolla una mente propia, incluso sus creadores no entenderán por qué toma las decisiones que toma.

Eso sí, Li afirma que le dijeron que K1 usaría su propia “capacidad de aprendizaje profundo” diariamente para determinar un límite de pérdida apropiado basado en factores del mercado como la volatilidad. Costa niega haber dicho esto y afirma que le dijo a Li que los humanos establecerían el nivel.

Fuente: Bloomberg