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Llevar una dieta saludable y luchar contra el sedentarismo son claves para tener calidad de vida. Sin embargo, cuando se trata de la condición del hígado graso es vital redoblar estas acciones para evitar mayores complicaciones.

La enfermedad del hígado graso o esteatosis hepática se reconoce por el exceso de ácidos grasos y triglicéridos acumulados en las células hepáticas, según define la revista Relevancia Médica.

Esto implica que este órgano tendría más de un 5% de su peso total de grasa, en la que predominan los triglicéridos. Este padecimiento se asocia básicamente al Síndrome Metabólico, la obesidad y la diabetes, entre otros problemas de salud.

Hígado graso y la prevención

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 80% de los adultos y el 50% de los niños obesos presentan esteatosis hepática no alcohólica, que cuando está avanzada puede presentar síntomas como dolor en la parte superior derecha del abdomen y debilidad.

Al existir un diagnóstico del hígado graso, la persona debe velar por controlar esta condición pues, de avanzar, podría derivar en agrandamiento del órgano (hepatomegalia), cirrosis o cáncer de hígado.

Es por ello que la alimentación es vital para evitar el desarrollo de la enfermedad y llevar una vida saludable. Si la persona es obesa es fundamental bajar de peso, para iniciar el tratamiento con una alimentación adecuada.

Esta es la dieta ideal

Después de detectar el hígado graso con pruebas sanguíneas y el perfil hepático es relevante conocer el origen de la enfermedad, para tratarla específicamente. Lo ideal debe ser una dieta personalizada, explica El Universo.

El plan recomendado en cuanto a alimentación incluye:

  • Una dieta sana: Con proteínas, carbohidratos, grasas, vitaminas y minerales, pero de una manera equilibrada, y prestando atención a la cantidad y calidad.
  • Carbohidratos: Se recomiendan los que son de absorción lenta, como los ricos en fibra (trigo, granos, avena, legumbres, entre otros).
  • Frutas: Las principales sugeridas son el tamarindo, el limón, las fresas, puesto que tienen propiedades antisépticas, depurativas y antiinflamatorias que benefician tanto al hígado como al intestino.
  • Chía: Un estudio de la Universidad de Queensland en Australia demostró que esta semilla tiene un efecto hepatoprotector debido a la presencia de ácido alfa linolénico, que reduce la grasa del hígado.
  • Grasas: Reducir las grasas saturadas y trans, y aumentar la ingesta de grasas derivadas de pescados azules, frutos secos y aceite de semillas. También se debe consumir aceite de oliva, palta y nuez.
  • Es importante consumir todas las frutas y hortalizas que tengan rojo y naranja.

*Este artículo está diseñado para informar y no pretende dar consejos o soluciones médicas. Pregúntele siempre a su doctor o especialista si tiene dudas sobre su salud o antes de iniciar un tratamiento.

Fuente: meganoticias.cl

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