REVISTA DIGITAL

Por Lian Fuentes, Experto en Inteligencia Sanitaria y 

Subgerente de Sistemas de Información en Salud en RAYEN SALUD 

Ya hace más de 12 años, el país emprendió el desafío de transformar digitalmente sus Establecimientos de Salud, con el único propósito de entregar una mejor atención en salud a la población. Por primera vez, se utilizaban -a través de una alianza público-privada que colaboración- los últimos avances tecnológicos para abordar un programa de digitalización con alcance nacional y con la perspectiva de la Red Asistencial en su conjunto, partiendo por su corazón: la Atención Primaria de Salud (APS).

Sus principales objetivos fueron proveer a los Establecimientos de Salud de sistemas informáticos que les permitieran sostener y registrar la atención a sus pacientes; colaborar en una atención en salud más segura, oportuna y de calidad para las personas; y construir una Base de Información que permitiera estandarizar procesos claves y, con ellos, los datos que estos podían aportar a la Historia Clínica Electrónica de los usuarios.  

En ese sentido, el Ministerio de Salud enfrentó dos desafíos clave en este proceso: la estandarización de los procesos asistenciales a nivel nacional y la definición de los estándares de datos que conformarían el Historial Clínico de los pacientes y los indicadores, estadísticas y metas sanitarias a los que debían tributar esos registros, como apoyo al seguimiento y mejora en la gestión.

Sin embargo, se encontraron con que no era sencillo reemplazar los instrumentos de medición de indicadores que ya existían. Aunque sus métodos de recolección de información no usaban la fuente primaria, este mecanismo siempre dependió de una cadena de compromisos, resultados y consolidación, realizada -muchas veces- de forma manual, para que luego fuera posible generar la información necesaria de apoyo a la gestión. Frente a este dilema, la pregunta fue: ¿Cuánto tiempo tardaríamos como país en estandarizar y sistematizar estos procesos? ¿Meses? Fueron años.

Adicionalmente, la implementación de sistemas digitales en la Atención de Salud trajo de inmediato distintos desafíos que atender. Las nuevas generaciones de profesionales que conforman el Equipo de Salud, que han crecido en la Era de la Información, valoran el acceso a datos oportunos sobre el Historial Clínico en el momento de la atención, como elementos que no sólo favorecen, sino que además incorporan ámbitos de disponibilidad y seguridad en la atención de pacientes, que no están soportados en métodos análogos. Además, los Sistemas Informáticos permiten la comunicación de estos antecedentes en una red de establecimientos interconectados, usando repositorios de información que permiten fortalecer una estrategia para incrementar la calidad de los registros y colaborar con la toma de decisiones por parte de los Gestores de Salud. 

Por tanto, se detectó -ya desde los inicios del proceso de digitalización en salud- que para favorecer el uso de información en salud era necesario, primero, potenciar el registro. Hasta hoy, no existen políticas transversales asociadas a la calidad del registro, siendo un elemento medible y cuantificable, tanto a nivel de Redes Asistenciales, como establecimientos y profesionales. Fortalecer el registro en la atención para la gestión sanitaria no sólo generaría una cadena virtuosa de la cual varios estamentos se pueden beneficiar, sino también permitiría que otros equipos vinculados a la atención de salud puedan contar con más y mejor información para diagnósticos y tratamiento.

Ahora bien, en la última década hubo  importantes avances en esta línea. Hoy, las políticas ministeriales consideran este registro primario para cuestiones relevantes, como la categorización de riesgo de la población, generando con ello un modelo de atención centrado en la persona y su carga de morbilidad. Por otro lado, datos más estructurados como los DAU (Datos de Atención de Urgencia) en el proceso de atención, hoy pueden ser utilizados directamente gracias a las herramientas informáticas de apoyo a la Inteligencia Sanitaria, eliminando la necesidad de doble -y, en ocasiones, triple- tributación de la misma información, que debe pasar por filtros humanos en el proceso.

Gracias a las definiciones que consideran el avance realizado, es posible obtener mejores resultados, apoyándose en lo que ya se ha construido. Si el Registro Nacional de Inmunizaciones (RNI) se puede alimentar de los datos de los sistemas, ¿por qué no considerar, además de esto, los datos de diagnósticos para seguimiento de casos? El abordaje actual se realiza mediante planillas y sistemas de doble digitación, que no ofrecen retroalimentación oportuna a los centros donde deberíamos poner el esfuerzo: la APS.

La tarea no es reinventar lo que ya está hecho. Nuestro esfuerzo debe enfocarse en la colaboración, la integración y el uso de los avances tecnológicos para conseguir nuevos objetivos en materia de registro y análisis del Big Data Sanitario. 

Enfocarse en el uso, en la mejora de los procesos y en la calidad del dato de origen, no sólo generará ahorros significativos en la gestión sanitaria, sino que permitirá consolidar otro paso más en el camino que tomamos hace más de una década: la Transformación Digital del sector Salud.