Revista Digital – Información de Mercados – Compra Pública Latam.
Durante años, la transformación de los contact centers estuvo asociada a incorporar nuevos canales, migrar infraestructura a la nube o automatizar las consultas más frecuentes. Hoy, la Inteligencia Artificial está abriendo una etapa diferente: el desafío ya no es solamente atender más rápido, sino lograr que cada interacción pueda resolver una necesidad concreta del cliente.
Ese cambio está llevando la conversación sobre IA desde las áreas de tecnología hacia la agenda de negocio. Porque cuando un agente inteligente puede comprender el contexto de una interacción, acceder a información relevante, ejecutar acciones y acompañar un proceso de principio a fin, el impacto potencial trasciende al contact center: alcanza costos, productividad, experiencia del cliente y capacidad operativa.
De responder preguntas a ejecutar acciones
La diferencia puede parecer sutil, pero es significativa.
Un sistema automatizado tradicional puede informar a un cliente cuáles son los horarios disponibles para una consulta. Un agente inteligente puede comprender qué necesita, identificar al cliente, consultar disponibilidad, ofrecer alternativas y avanzar con el agendamiento dentro de la misma interacción.
En retail, esa lógica puede aplicarse al seguimiento de un pedido o a una devolución. En servicios financieros, a consultas y procesos que requieren autenticación. En el sector público, a turnos, trámites o seguimiento de expedientes.
El denominador común es que la IA comienza a participar en la resolución, no solamente en la conversación.
Esta evolución fue uno de los principales ejes de los encuentros sobre Customer Experience e Inteligencia Artificial que CloudHesive realizó en Argentina, Chile y Colombia junto a AWS. Allí, líderes de tecnología, operaciones y experiencia del cliente pudieron observar casos y demostraciones aplicadas a industrias como salud, banca, retail y sector público.
Las conversaciones dejaron en evidencia un cambio importante: las organizaciones están comenzando a evaluar la IA menos por lo que es capaz de generar y más por los resultados que puede producir.
Una conversación que llega al negocio
Para los responsables de un contact center, incorporar agentes inteligentes plantea preguntas diferentes a las de una implementación tecnológica tradicional.
¿Cuántas interacciones podrían resolverse sin intervención humana? ¿Cuánto tiempo dedica actualmente un agente a buscar información o ejecutar tareas repetitivas? ¿Qué sucede con una llamada cuando el cliente debe ser transferido? ¿Cuántos pasos necesita una persona para completar una gestión? ¿Cuánto cuesta hoy resolver cada interacción?
Esas preguntas permiten trasladar la discusión hacia indicadores que el negocio ya conoce: resolución en el primer contacto, tiempos de espera y atención, abandono, productividad, costos operativos y satisfacción del cliente.
La oportunidad no consiste necesariamente en reemplazar personas por tecnología. Consiste en rediseñar qué tareas necesitan intervención humana y cuáles pueden ser resueltas, asistidas o aceleradas mediante IA.
Un agente humano que recibe durante la conversación información contextual, antecedentes y recomendaciones puede dedicar menos tiempo a buscar datos y más a resolver situaciones complejas. Al mismo tiempo, un agente inteligente puede ocuparse de interacciones de menor complejidad y ejecutar determinadas acciones de manera autónoma.
El resultado es un modelo en el que personas e IA pueden asumir funciones diferentes dentro de una misma experiencia de atención.
El contact center como fuente de inteligencia
Hay además otra dimensión relevante para las empresas.
Los contact centers concentran diariamente miles de señales sobre lo que sucede en el negocio: por qué llaman los clientes, qué productos generan consultas, dónde aparecen fricciones, cuáles son los motivos de abandono y qué procesos internos dificultan una resolución.
Históricamente, gran parte de esa información permaneció atrapada en llamadas, grabaciones y sistemas separados.
La aplicación de IA permite convertir esas interacciones en información accionable y detectar patrones que pueden ser relevantes mucho más allá del área de Customer Experience.
Una reiteración de consultas puede revelar un problema en un proceso. Un incremento de determinados reclamos puede anticipar una situación operacional. Las razones por las que los clientes contactan a una empresa pueden incluso identificar oportunidades para modificar productos, comunicaciones o servicios.
En ese escenario, el contact center deja de ser visto únicamente como un centro de atención y comienza a convertirse también en una fuente de inteligencia para el negocio.
Empezar por el problema, no por la IA
La disponibilidad de nuevas capacidades de Inteligencia Artificial puede generar la tentación de comenzar por la tecnología. Sin embargo, una estrategia sostenible requiere el camino inverso: identificar primero qué problema vale la pena resolver.
Durante los encuentros realizados por CloudHesive, el enfoque estuvo precisamente en observar procesos reales, identificar oportunidades de automatización y analizar casos de uso que pudieran ser validados mediante pruebas de concepto.
No todos los procesos necesitan un agente inteligente. Tampoco todos deberían automatizarse.
El valor aparece cuando existe un objetivo de negocio claro y es posible medir qué cambia después de incorporar IA: cuánto disminuyó el tiempo necesario para resolver una gestión, qué porcentaje de interacciones pudo completarse sin transferencias, cuánto trabajo repetitivo se eliminó o cómo evolucionaron los costos y la satisfacción de los clientes.
La pregunta que empieza a instalarse en las organizaciones, entonces, ya no es simplemente “¿cómo incorporamos IA a nuestro contact center?”.
Es una pregunta bastante más interesante:
¿Qué podríamos hacer diferente si cada interacción tuviera la capacidad no solamente de comprender al cliente, sino también de actuar para resolver su necesidad?
